05
Jun
08

Tras El Tiempo.

Prefacio
 

Aquellos ojos rojos inquietaban a la pequeña. Sabía que quería algo pero no sabía el que. El ser volvió a preguntar lo mismo con esa voz tranquilizadora. La niña siguió allí delante de él sin saber que responder. Los ojos rojos volvieron a hacer el mismo recorrido estremeciendo a la niña.

-No tienes porqué temerme…dijo sonriendo como siempre lo hacía…

Un ulular nocturno llamó la atención de la pequeña. Se dio media vuelta y empezó a caminar con rapidez.

 
 
Hisoria
 

Desde hacía bastante tiempo estaba paseando por la habitación. Sabía que estaría allí, esperando, como cada noche. Pero… ¿debía ir? Su curiosidad era muy fuerte, pero sabía que podía ser peligroso. Se acercó a la ventana. Descorrió las cortinas celestes. Los rayos de la luna iluminaron la habitación. Se asomó y creyó ver una sombra que la observaba. Se escondió tras la cortina y desde allí oteó el bosque. Todo parecía estar tranquilo.

-Quizá… si me doy prisa… no se den cuenta.-susurró para sí misma.

Corrió hacia su cama. Cogió su bata blanca y empezó a buscar algo entre las sábanas.    -Aquí estas.-dijo sacando un osito de peluche. Se cubrió con la bata y apretó con fuerza entre sus brazos al peluche. Con mucho cuidado abrió la puerta y salió al frío pasillo de la mansión. Las luces estaban apagadas pero en su lugar habían encendido unas antorchas que hacían extravagantes sombras. Corrió sin hacer el menor ruido hasta llegar a la gran puerta que daba paso al jardín. A lo alto había un pestillo cerrando la puerta. Estaba demasiado alto para ella. Buscó con ansiedad una silla. Tendría que ir hasta la cocina a por una. Dejó el osito en el suelo. Corrió por el pasillo y entro en una habitación situada a la derecha. Sus ojos tardaron en acostumbrase a la oscuridad. Empezó a caminar con los brazos extendidos hasta que sus manos tocaron la pata de una mesa. Podía distinguir el contorno de una silla. La intentó coger, pero era demasiado pesada para ella. Cogió las dos patas traseras de la silla y la arrastró. Un chirriante ruido resonó en la cocina. Ella miró con pánico al pasillo. Sus latidos se aceleraban rápidamente mientras deseaba que nadie la hubiese oído. Durante bastante tiempo solo pudo oír los rápidos tambores de su corazón. Se armó de valor y volvió a agarrar la silla por las patas traseras. Llegó hasta la gran puerta con dificultad. Acercó la silla a la entrada. Se subió a su acolchado cojín y se puso de puntillas. Sus pequeños dedos rozaban la bola en la que terminaba el pestillo. De repente oyó unos ruidos detrás de ella. Se quedó en silencio. Casi no respiraba. Con el rostro pálido se dio lentamente la vuelta… Las antorchas dibujaban la sombra de algo que se acercaba por el pasillo. Ella se llevó una mano a la frente y se secó las gotas de sudor que empezaban a resbalar. Muy lentamente cogió aire por la boca mientras intentaba descubrir quien se acercaba. Los sonidos de pasos se hacían más claros. De repente oyó algo extraño. Frunció el ceño y esperó sentada. Mixu, el gato de la familia hizo su aparición por la esquina del pasillo. El cascabel que llevaba como collar le había delatado. Ella volvió a ponerse de puntillas y haciendo un gran esfuerzo agarró la bola del pestillo. Tiró con fuerza hacia abajo y la puerta se abrió sin hacer ruido. Apartó la silla, se cerró la bata y abrazó con fuerza al osito. La puerta apenas se había abierto, pero aun así pudo pasar de lado. Las damas de noche desprendían su singular olor. A la vez, las estatuas de mármol parecían jugar con las aguas de las fuentes y estanques. Bajó las escaleras y giró hacia la izquierda donde había un pasillo con arcos por donde colgaban las madreselvas. Cruzó el corredor jugando con las flores que podía atrapar. Pronto llegó al lindero del bosque. Intentó vislumbrar algo entre los árboles. Se metió un poco en el bosque y echó un último vistazo a la mansión. Mixu la esperaba desde las escaleras. Ella apretó con fuerza al peluche y se adentró. Pronto se acostumbro a la poca luz que pasaba entre las ramas. De repente aparecieron dos caminos ante ella. Uno de ellos seguía en línea recta mientras que el otro se curvaba hacia de la derecha. Siguió andando por el camino recto. No pasó mucho tiempo desde que había empezado el sendero cuando lo vio. A un lado del camino, donde no había árboles, estaba el ser. Ella se acercó y se quedó delante de él observándolo.

-Buenas noches pequeña.-dijo él sonriendo como lo hacia habitualmente.

Ella no dijo nada. El frío viento de la noche sopló. La pequeña notó cómo su piel se quejaba.

-¿Tienes frío?-preguntó él sin dejar de sonreír.

La pequeña negó y apretó su osito entre sus brazos  y su cara. El ser se sentó en una piedra y se limitó a observarla. Ella avanzó hacia él con temor pero segura.

-¿Qué haces aquí a estas horas de la noche?… Tus padres deben de estar preocupados…-seguía sonriendo.

-Ya sabes que no tengo padres.-susurró con enfado la niña mirando al suelo.

-Es verdad, se me había olvidado…-soltó una risotada y sonrió enseñando sus blancos dientes.

-¿Y tú? ¿Qué haces aquí?-preguntó con descaro la pequeña.

El ser la observó complaciente.

-¿Has visto que noche más hermosa hace…?-dijo desviando la conversación.

La niña frunció el ceño pero miró al cielo. Las estrellas brillaban y algunas nubes borraban la luna mientras que los rayos de ésta las iluminaban. La pequeña volvió a mirar al ser. Se dio cuenta de que él no había hecho el menor caso al cielo sino que la había estado observando. El negro y liso cabello del ser le tapaba los ojos. La niña se sentó e intento mirárselos. Él sonrió y acercó su cara a la de al niña. Entonces los pudo ver con más claridad. Entre los negros mechones se escondían unos rojos y brillantes ojos. Aquellos ojos inquietaban a la pequeña. Sabía que quería algo pero desconocía el qué. De repente sintió un escalofrío en su cuello. Cerró los ojos medio adormilada.

-Deberías irte a dormir….es muy tarde para ti.-susurró.                                                      

-No tengo sueño…-dijo todavía con los ojos cerrados.

El ser la miró con ternura y acarició sus rizos. Ella abrió lentamente los ojos.

-¿Vendrás mañana?-preguntó la niña.

Él solo sonrió mientras la cogía en brazos. La pequeña se acomodó entre los brazos y se durmió escuchando sus pausados latidos. Mientras, él había llegado a las escaleras de la entrada a la mansión. Mixu empezó a bufarle.

-Shh….-dijo él. El gato se sentó y observó al intruso.

Cuando llegó a la habitación de la pequeña, la acostó en la cama y la tapó. Cerró con mucho cuidado la puerta y se dirigió a la silla de la entrada. La cogió y la colocó en la cocina. Después se fue cerrando la puerta sin poner el pestillo. El gato saltó a la ventana y observó cómo se marchaba el intruso.

Hacía tiempo que el sol se había instalado en el cielo. Pero la  claridad de la habitación no había despertado a la pequeña. El picaporte giró suavemente abriéndose la puerta. Una criada de tristes ojos entró en el dormitorio.

-Señorita Sofía…-susurró agarrando el hombro a la pequeña. La niña abrió lentamente los ojos.-Es hora de levantarse.

-Un poco más.-se quejó Sofía dando la espalda a la criada.

-Si dormís más llegaréis tarde a la iglesia y vuestra tía se enfadará.-la criada destapó a la niña.

-No…-cerró con fuerza los ojos y agarrando la sábana se volvió a tapar.

Mientras tanto su tía, Estefanía, la esperaba impaciente en las escaleras que ascendían a la iglesia.

-¿Otra vez tarde?-preguntó el cura.

-Si…-respondió ella consultando su reloj.

-Esta vez no retrasaremos la misa, Estefanía…

-Lo entiendo, esta bien.-asintió y volvió a consultar su reloj.

 

-Dese prisa señorita.-apremió la criada.

De repente se abrió la puerta del dormitorio. Su tío, Gabriel, acababa de entrar furioso.

-¿Qué horas son estas?-se acercó a la pequeña y le dio un azote.

-¡Ay!-se quejó tapándose el trasero. Corrió hacia su armario y se escondió tras la puerta. Entre tanto, la criada intentaba sacar el vestido de los domingos.

-Aparta.-espetó a la criada. Sacó con brusquedad el vestido y lo tiró encima de la cama desecha.-Póntelo deprisa.-dijo mientras se dirigía la puerta.-Te quiero ver en cinco minutos en la iglesia.

-Dese prisa señorita.-repitió la criada.-Póngase el vestido mientras yo la peino.

Sofía obedeció vistiéndose lo más rápido que pudo.

-Corra al baño, señorita.-la niña corrió al baño mientras la criada cogía horquillas y lazos violetas. Cuando llegó el grifo estaba abierto y Sofía esperaba sentada en una pequeña banqueta. La criada mojó el peine en el agua y empezó a desenredar los rizos. Cogió un par de horquillas, las abrió y las sujetó con la boca mientras hacía tirabuzones  en el flequillo de la niña. Después empezó a hacer un moño pequeño al lado izquierdo de la cabeza. Usó las dos horquillas que sujetaba con la boca y siguió añadiendo más hasta afianzar el pelo. Luego, hizo lo mismo en el otro lado de la cabeza. Fue a coger un lazo violeta cuando las campanadas de la iglesia la sobresaltaron. Sofía recogió el lazo del suelo y se lo dio a la criada quien lo cogió con manos temblorosas. Antes de que terminaran las campanadas la pequeña salía de la mansión corriendo.

Estefanía saludaba a las personas que llegaban tarde con una amplia sonrisa mientras los nervios se apoderaban de ella. A lo lejos pudo distinguir la pequeña silueta de Sofía corriendo.

-Ya hablaremos en casa de esto.-susurró mientras entraban en la iglesia.

El edificio apenas estaba iluminado por velas y cirios. Las cristaleras estaban tapadas por las malvas cortinas que acostumbraban a ocultarlas. El órgano, situado en un saliente encima de la entrada, sonaba mientras los últimos cristianos terminaban de sentarse. Tía y sobrina pasaron ante una virgen que pareció seguir con la mirada a la pequeña. Consiguieron sentarse en un banco cercano al altar y esperaron sentadas la aparición del cura. Éste salió de una puerta situada al lado del altar seguido de dos monaguillos. Todos se levantaron y se hicieron la señal de la cruz en tanto el cura empezaba con la misa. Cuando se sentaron algunos aldeanos escuchaban atentamente cada una de las palabras y otros solo fingían. El sacerdote hizo levantar más de una vez a los presentes. Tras media hora Sofía empezó a aburrirse de la voz monótona del cura. Agachó la cabeza y se dedicó a contemplar las formas que hacían las sombras en su vestido de terciopelo azul marino. Una mano agarró el brazo de la pequeña.

-Ahora vengo.-susurró su tía. Se levantó y se dirigió a la cola que se había formado ante el cura y los monaguillos. Tardó poco en volver junto a Sofía. En el banco, se arrodillo y cerrando los ojos cruzó las manos. La pequeña observó cómo su tía se quedaba en silencio y movía de vez en cuando los labios. Tras unos minutos Estefanía se sentó en el banco y volvió a prestar atención al sacerdote.

-Hijos míos… para terminar os quiero avisar del peligro que acecha en la noche. Los jóvenes no se dan cuenta del peligro que corren…-se lamentó el cura.-Espero que a nadie se le halla ocurrido salir desprotegido al ocaso. Siempre tenéis que tener a mano un rosario…. Pues a los demonios no se les puede vencer si no es con la ayuda de Dios…

-¿A qué se refiere tía?-preguntó con curiosidad la pequeña.

-Shh…- reprendió Estefanía.

-… y sobre todo proteger a los jóvenes de las tentaciones del diablo! …-terminó el cura.

Poco a poco la iglesia se fue vaciando hasta que solo quedaron tía y sobrina. Estefanía agarró la mano de Sofía y fue en busca del cura.

-Perdón, padre… ¿puedo preguntarle una cosa?                                           

-Si, dime…

-No sé si es conveniente que sepa sobre los demonios de la noche…-Estefanía hizo una señal con los ojos refiriéndose a la pequeña.

-Para estos casos nunca es demasiado temprano… creo que ya tiene suficiente edad como para saber que ocurrió con sus padres.

-Está bien, de acuerdo… gracias padre.-se arrodilló ante la cruz de Cristo y salió de la iglesia con Sofía de la mano.

En la mansión Estefanía reunió a todos los criados y mandó a Sofía a jugar en el jardín.

-¿Quién se dejó la puerta abierta esta noche?-preguntó furiosa a los criados. La más anciana se adelantó.

-Yo la cerré con el pestillo.-dijo.                                                   

-Ya… ¿Y cómo es que si estaba cerrada con el pestillo esta mañana estaba abierta?-preguntó acercándose a la anciana.

-Yo… no se… yo anoche eché el pestillo, señorita, yo…-balbuceó.

-¡Yo, yo, yo! ¿No sabes decir otra cosa, estúpida?-gritó Gabriel.- ¡Podían haber entrado!

-Pero, estamos protegidos… ¿no? La sangre de macho cabrío en las ventanas los ahuyenta, ¿no es así?-preguntó nerviosa una criada joven.

 

Los gritos de sus tíos y de los criados llegaban hasta el jardín. Sofía estaba sentada en una fuente y observaba los pájaros que sobrevolaban el terreno. Las flores de las damas de noche estaban cerradas pero todavía se podía percibir el dulce olor que desprendían. La pequeña se levantó y paseó entre las estatuas. Casi todas parecían ángeles. Algunas apuntaban al cielo, otras tenían juntadas las manos a modo de súplica. Había un círculo de ángeles que apuntaban a todas las direcciones con sus lanzas y arcos. Sofía se acercó a un estanque. Metió las manos en el agua y observó las ondas que hacía.

-Te he dicho un millar de veces que no metas las manos en el agua.

Sofía se dio la vuelta. Su tía estaba detrás de ella. Sin embargo su expresión no era de enfado y esto extrañaba a la pequeña.

-Me has preguntado a que se refería el sacerdote cuando hablaba de los demonios de la noche…-la niña la miró expectante. Sacó las manos del agua y se mojó el pelo.

-¿Y qué son?-preguntó tras un rato silencioso.

-De aspecto son parecidos a nosotros, pero tienen poderes ocultos…

-Si se parecen a nosotros, ¿cómo los diferenciamos?

-Si solo los ves a la noche, por ejemplo, pero hay una forma de saberlo al instante.

-¿Cuál?

-Sus ojos…

-¿Sus ojos?

-Si, sus ojos son rojos.

Sofía se acordó entonces del ser que visitaba todas las noches.

-¿Y… por qué son demonios?

-Ellos comen de ti…-la niña la miró sin comprender.-Te hacen una herida y se beben toda tu sangre.-viendo que la niña estaba pálida siguió.-Pero no tengas miedo… solo salen a la noche, basta con que tú no estés fuera cuando se oculte el sol.

La niña asintió haciendo entender que lo comprendía.

-Bueno, me voy a casa que tengo cosas que hacer, ¿te vienes?-la niña negó en silencio y vio cómo se marchaba su tía.

Se quedó sentada en el estanque, pensando. ¿Cómo no se había dado cuenta? ¿Qué persona tiene los ojos rojos? ¿Y por qué solo lo veía a la noche? Se sentía desorientada. Sabía que su tía no la mentiría. Pero no podía pensar que a quien visitaba por las noches era un demonio. Había una forma fácil de solucionarlo. Esa noche iría a verle y se lo preguntaría.

 

-¿Le has dicho todo?-preguntó Gabriel.

-No. Ya se que debía de contárselo todo, pero me parece que es muy niña todavía.-Estefanía se sentó en un sillón, al lado de su marido.

-Y… ¿qué sabe?

-Solo la he dicho que es peligroso que salga a la noche. Y he explicado cómo son y que comen los demonios.

-¡Asquerosos vampiros!-resopló Gabriel. Estefanía cogió la mano de su marido y la apretó cariñosamente. Él se quedó mirando la foto en blanco y negro, que estaba colgada ante ellos, de una pareja sonriente.-Quizá debería saberlo ya…

-Es muy pequeña todavía. Solo tiene seis años. Es mejor esperar hasta que cumpla los diez.

 

-Buenas noches Almudena.

-Igualmente, señorita.-dijo la criada mientras tapaba a la pequeña.- ¿Quiere que cierre las cortinas?

-No…-Sofía se quedó observando el jardín. El día había cambiado mucho. Antes el sol iluminaba la hierba, pero la niebla que se acababa de instalar dejaba muy poca visibilidad.

-Espero que las sombras de la niebla no la asusten, señorita.-dijo Almudena mientras se dirigía a la puerta.

-No, no me asustan.-dijo fingiendo sueño. Cerró los ojos y oyó cómo se cerraba la puerta. Esperó a que los pasos estuvieran lejos y después se levantó. Se dirigió a la ventana e intentó otear el bosque. Su corazón latía deprisa. Demasiadas sombras. No pudo distinguir nada. Se dirigió a su cama y se vistió con la bata blanca. Cogió a su osito y se fue del dormitorio sin hacer ruido. Empezó a caminar por el pasillo. De repente se paró. En una de las paredes se reflejaba el fuego encendido de la salita. Se acercó silenciosamente. Unos susurros se escapaban tras la puerta entreabierta.

-…la sangre está en las ventanas, las puertas están cerradas… ¿queda algo por cerrar?      

-No, ya está todo.

-Bien. Voy a ver cómo está la niña y me voy a la cama.

-Yo me quedaré un poco más. Quiero repasar estos papeles.

A través de la puerta Sofía oyó cómo alguien cogía unos papeles mientras que otra persona se dirigía a la puerta. Se dio la vuelta y empezó a correr de puntillas haciendo poco ruido. Abrió la puerta y se metió de un salto en la cama. Se tapó hasta la nariz con la sábana y las mantas y se hizo la dormida. En pocos segundos entró Estefanía.

-Buenas noches.-susurró al oído y le dio un beso en la frente.

Cuando la pequeña volvió a oír la puerta se giró para verificar que su tía se había ido. Esperó un rato. No se oía nada. Se levantó. Cogió a su osito. Y abrió la ventana de su habitación. Apenas una brisa helaba la noche. Pasó una de sus piernas por la abertura hasta que su pie rozó el suelo. Se dio impulso y pasó el resto del cuerpo cayéndose al suelo. Se levantó torpemente y agarró con fuerza al peluche cuando vio el siniestro jardín. El pasillo de madreselvas parecía un túnel oscuro de dientes afilados dispuestos a agarrar a la pequeña niña. Tragó saliva y se adentró en el túnel. Caminó deprisa. Casi corría cuando una de las madreselvas se enganchó en su pelo.

-¡Ah!-gritó. Cogió enfadada la planta y tiró de ella con fuerza hasta desenganchársela.

Llegó con rapidez al bosque y encontró el camino antes de lo que se imaginaba. Siguió caminando con rapidez pero se detuvo. La niebla se había vuelto más espesa y no conseguía ver nada. Se dio la vuelta pero el camino había desaparecido. Solo podía verse a sí misma. Se dio otra vez la vuelta, pero siguió sin ver nada. Entonces se acordó de lo que le había contado su tía. Las sombras que había en el camino jugaban con su temor haciéndola parecer que había demonios. No sabiendo donde estaba ni a donde iba, se sentó en el suelo y empezó a gimotear. Pronto las lágrimas ensuciaron su cara. Se tapó los ojos con el peluche para no ver las sombras.

-¿Por qué lloras?-preguntó una voz conocida desde ningún sitio. La niña se levantó e intentó ver forzando los ojos. Empezó a caminar cuando se chocó contra algo. Entonces notó como le acariciaba su cabeza. Poco a poco la niebla se fue disipando. Sofía levantó la vista. Unos ojos rojos se escondían entre mechones negros. La niña no pudo evitar sonreír. Soltó al peluche y abrazó con fuerza al vampiro. Él se sorprendió. Sonrió y acarició sus rizos.

-Me había perdido.-dijo todavía con la cara entre la camisa de él.

-No. Has estado dando vueltas en el mismo lugar todo el rato.

-¿Me podías ver?

Él asintió sonriendo. Entonces se acordó. Se separó de él asustada.

-Eres un demonio.-dijo a la vez que sus ojos se teñían de tristeza.

-¿Cómo me has llamado?

-¡Demonio!-repitió ella. La niña esperaba que el ser se enfadase por descubrirle. Sin embargo la expresión del vampiro era de asombro.

-Es una palabra fea para emplearla a la ligera. Supongo que sabrás como es un demonio.-dijo él todavía perplejo pero sonriendo como siempre.

-Si. Me lo han explicado hoy.-el ser fingió sorpresa.-Tienen los ojos rojos, solo salen a la noche y matan a la gente para beber su sangre.

-Te falta añadir que los demonios hacen daño a las personas para divertirse.-dijo sonriendo.

La niña retrocedió.

-¿Entonces es verdad?-dijo con lágrimas en los ojos. -¿Eres un demonio?

-Soy un vampiro.-el ser dejó de sonreír y la miró fijamente.-Pero… no soy un demonio.

-¿Cómo que no eres un demonio?-el ser se sentó en la roca y esperó a que ella se sentara ante él.

-¿Desde hace cuanto que vienes a las noches? ¿Te he hecho daño alguna vez? ¿Te he mordido?-la pequeña negó. Cogió a su osito y se sentó enfrente de él.

-Entonces… ¿qué es un vampiro?-Sofía estaba confusa.

Él sonrió.

-Ya lo iras sabiendo.-Sofía frunció el ceño.-Eres muy pequeña para entenderlo.-el vampiro se acercó a ella y acarició su mejilla.-Buenas noches, pequeña.-dijo mientras se levantaba.

-¿Te vas?-Sofía también se levantó.

-Vete a dormir antes de que se pregunten donde has estado.-dijo el vampiro desapareciendo en la niebla que se había vuelto a formar.

Sofía regresó a su casa. En la ventana, antes de cerrarla, echó un vistazo. La niebla había vuelto a aparecer ocultando el bosque y el jardín.

-Qué extraño.-dijo cerrando la ventana. Se acostó y cerró lentamente los ojos. Lo último que vio fue una sombra atravesando el jardín.

Al día siguiente se levantó tarde. Por alguna razón sus tíos no estaban. Los sirvientes que encontró no dijeron donde se encontraban. Tampoco los vio a la tarde. Como no tenía nada que hacer salió a dar un paseo, cerca de la casa, como había prometido. Había tanta luz que le dolían los ojos. Apenas los abría. Tras estar horas paseando se sintió cansada. El sol todavía no se había escondido. Así que tenía tiempo para descansar. Echó un vistazo por la zona. No había ningún banco cerca. Entonces oyó el sonido de una campanilla a su espalda. Se dio la vuelta y vio un bar. Se quedó mirando las sillas de dentro. No podía entrar, lo tenía prohibido. Sin embargo… ¿quién le podría ver? Se acercó con temor a la puerta del bar. Miró a ambos lados de la calle. No había nadie conocido. Agarró el pomo de la puerta y la abrió. Los animados comentarios rodearon a la pequeña. Algunos se la quedaron observando, otros la miraron de reojo y siguieron con sus conversaciones. Sofía estaba encantada con ese nuevo “mundo”. Se acercó a una banqueta cercana a la barra y allí descansó sus pies.

-¿Quieres algo, pequeña?-dijo el camarero amablemente.                                                   

-Mmmm…-dudó, la habían dicho que no cogiera nada de los desconocidos, pero toda esa gente estaba bebiendo y no parecían estar mal.-Si… ¿me podrías dar agua, por favor?

-¡Vaya! Eres muy educada…-dijo riéndose el camarero. Ella sonrió.

Mientras le llevaban el agua estuvo observando el bar. Era pequeño pero acogedor. Las gentes parecían amables. Cuando estaba intentando escuchar una conversación lejana sobre los demonios de la noche notó algo extraño en la nuca. Lentamente se dio la vuelta. A su lado, donde antes no había nadie, se había sentado una persona. Sofía lo miró. Se dio cuenta de que él, la había estado observando durante mucho rato. Poco a poco el desconocido la miró a los ojos. Las sombras del bar y los mechones castaños del desconocido ocultaban sus ojos. La niña sintió un escalofrío. Creyó ver que sus ojos eran rojos. El desconocido movió la cabeza quitándose los mechones de la cara. Entonces la niña sintió como si la gente se hubiera callado, como si el tiempo se hubiese parado… Los ojos del desconocido eran rojos.

-Sebastian.-llamó alguien desde la puerta. El desconocido se levantó y con paso lento y elegante se fue.

De repente las voces de la gente volvieron, y el tiempo siguió corriendo.

-Perdone, ¿qué hora es?-preguntó algo aturdida cuando el camarero se acercó.

-Es tarde para ti, pequeña. ¿Estás esperando a alguien?-ella negó.-Entonces, es mejor que te vayas ya. Está anocheciendo.

Sofía abandonó el bar. Era cierto. La luna alumbraba las calles. Caminó con temor. A la luz de la luna todos parecían demonios. Giró en una esquina cuando se chocó contra algo. Se cayó al suelo y miró aquello con lo que se había chocado. La persona del bar, que se hacía llamar Sebastian, observaba a la pequeña. Lentamente le tendió una mano. Ella miró dudosa la mano. La agarró con temor y él la levantó con una extraordinaria ligereza. Se quedaron mirando uno el frente al otro.

-¿Estás bien?-dijo Sebastian. Sofía asintió. Por unos instantes creyó ver como sus ojos se deslizaban hasta su cuello.

-Lo… siento.-dijo entrecortadamente. Sebastian sonrió enseñando unos blancos dientes. En las comisuras de los labios se distinguían dos colmillos demasiado afilados. Sofía desvió la mirada al suelo y empezó a caminar rápidamente hasta su casa. Creyó oír pasos detrás de ella. Se dio la vuelta. Allí no había nadie, ni siquiera vio a Sebastian. Volvió a andar, esta vez más pausadamente, cuando los pasos se acercaron detrás de ella. La niña se dio la vuelta justo cuando algo la empujó contra la fría pared de piedra. Tenía los ojos cerrados pero podía sentir la lenta respiración del ser. Abrió con temor los ojos.

-Buenas noches, pequeña.-dijo él sonriendo aplastándola contra la pared.

A Sofía la costaba respirar por lo que no contestó. Le miró a los ojos… era un vampiro. Por alguna razón la niña había sabido que era un vampiro desde que había notado su respiración. El ser tenía una corta melena negra que le cubría los hombros. Fue bajando la vista. Pudo distinguir un abrigo. Intentó bajar más la vista. Pero no podía, todo empezaba a dar vueltas. Apenas podía respirar y todo se volvía confuso ante ella.

-¡Crótax!-el vampiro hizo menos fuerza y Sofía pudo volver a respirar. Oyó pasos que se acercaban y miró a donde Crótax miraba. Otro vampiro más o menos de la misma estatura se acercaba. Poco a poco, la pequeña, fue distinguiendo rasgos. Su corto pelo era castaño con algunos mechones sueltos que ocultaban débilmente sus ojos. Vestía con una camisa verde botella y, vaqueros y zapatos negros.

-Hola Sebastian.-dijo sonriendo cuando llegó el otro vampiro. De repente la niña lo miró extrañada. Reconocía esa voz. Él había llamado a Sebastian en el bar.

-¿Qué haces?

-¿Qué hago de qué?-preguntó fingiendo sorpresa. Sebastian se mordió el labio inferior y miró ambos lados de la calle. Estaban solos.

-Déjate de bromas. Hoy no.-dijo mientras observaba a la niña.

-Bah…- dijo mosqueado soltando a Sofía. La pequeña se puso una mano sobre el pecho y empezó a toser con fuerza.-No se podría sacar mucho de ella.-dijo mirándola de reojo.

-Está prohibido…-susurró con enfado.

-¿Desde cuando haces caso a las leyes?-Crótax le miró con una mueca como sonrisa.

-Vámonos.-se dio la vuelta y empezó a caminar. Crótax se quedó mirando a la pequeña. La cogió por el cuello de la camisa, la levantó en el aire y la volvió a empujar contra la pared.

-Un pequeño recuerdo.-dijo acercando su boca al cuello de la niña. Sofía cerró los ojos. Sintió como algo afilado rasgaba su cuello. Gritó y abrió los ojos. Pero allí no había nadie. Confusa se secó el sudor de la frente. Muy lentamente se llevó una mano al cuello. No había agujeros, solo una pequeña herida por la que salía sangre. De repente vio a lo lejos un farol. Iluminaba una gran mansión. Entonces se dio cuenta de que era su casa. Corrió hasta ser iluminada por la anaranjada luz. Miró los alrededores de la casa. No parecía que hubiese alguien. Cogió el pomo y abrió la puerta. Atravesó el pasillo sin hacer ruido.

-¿Qué horas son estas?-gritó una voz detrás de ella. Lentamente y con la cara blanca se dio la vuelta para enfrentarse a la riña de su tía.- ¿Dónde has esta…?-empezó a preguntar cuando vio la herida en el cuello de Sofía.- ¿Qué es eso?-Sofía no contestó.- ¿Quién te lo ha hecho?

-¿Qué pasa aquí?-Gabriel había llegado junto a ellas.

-¡La han mordido!-gritó Estefanía histérica. Gabriel se acercó a la pequeña y rozó la herida.

-Ay.-se quejó Sofía.

-Tenemos que llevarla inmediatamente ante el cura.-dijo Estefanía.

-Coge tu abrigo y cierra todo. Yo la voy llevando.

Estefanía asintió y fue en busca de su abrigo.

-¿Qué ha pasado?-preguntó Almudena en camisón.

-Luego te contamos, ahora tenemos una urgencia con el cura. Cierra bien todas las puertas, ventanas y no abras a nadie. Aunque aporreen la puerta. No la abras.-Almudena asintió asustada.

Mientras, Gabriel y Sofía habían llegado a l iglesia.

 

Esta Historia Aun no tiene FInal Publicado … Espero les alla gustado esta primera parte y si quieren saber de la segunda parte agradeceriamos un comentario de critica constructiva para darles la segunda parte … como piensa que podria desenlazarce la historia o que les gustaria que pasara’???

 

 

 Gracias a Leire De España… Una Nueva Amiga

¨me llamo Leire, soy de España y tengo 18 años…este escrito lo empece hace bastantes años…algo asi como unos 4..mas o menos…espero que guste ^^
me llamo Leire, soy de España y tengo 18 años…este escrito lo empece hace bastantes años…algo asi como unos 4..mas o menos…espero que guste ^^¨

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5 Responses to “Tras El Tiempo.”


  1. 1 Michelle
    septiembre 23, 2008 en 12:40 am

    Guau! Esta historia esta muy interesante, me encantó tu forma de narrar y me mantubo intrigada cada instante, ojala la termines pronto: tengo muchas ganas de saber como concluye.

  2. 2 Shirle
    septiembre 29, 2008 en 2:46 am

    Hola. mi nombre es Shirley y soy de Perú, realmente me encanta tu historia, esta muy linda, espero q pronto publiques el final.

  3. 3 giselle cindhy
    marzo 7, 2009 en 1:29 am

    Es muy hermoso sinceramente,ese aire de intriga y esa chisma de centralismo hacia el guin de la historia me encanto,ojala y continues con ella,me gusto demaciado ^^,y me gustaria contactarte ^^ bueno,ya sabes donde encontrame.

  4. 4 Diana
    septiembre 25, 2009 en 3:00 am

    Oh Xdios… wow me impactaste cn la historia, es wow, tu forma de redactar y escribir wow! hasta siento envidia=/.JEj me encanto tu historia, jeje genial!!!!! Puedo dar sugerencia de trama, si no la aceptas no hay problema=) que el cura quiera matar a sofia

  5. 5 katiuska
    octubre 18, 2009 en 6:28 am

    hi!!!!!!!! oye la historia quedo en una muy buena parte, ya q dejastes muchas preguntas al aire y eso deja con ganas de saber mas. lo q si me gustaria q aclararas es la edad de sofia, sabemos q es una niña, pero en la parte q ella entra en el bar me dejo algo dudosa… y con muchas preguntas, asi q sube la siguiente parte pronto. sigue escribiendo para q desarrolles mas ese potencial. Animo!!


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